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18 jun 2009

LA CRISIS, SOX Y LAS COMPAÑÍAS TIC'S

Ya sé, ese título lleno de siglas parece un galimatías ¿no? pero… me pregunto… a la vista de lo ocurrido con las famosas hipotecas basura, las financieras quebradas y, rogando por el salvataje de los gobiernos, los altos ejecutivos peleando por conseguir jubilaciones ultraprivilegiadas y el mundo desarrollado tratando de que las Bolsas no se caigan… ¿qué pito tocan (con perdón) las empresas de tecnología?

Es probable que alguno ya se haya dado cuenta por este copete por dónde viene la idea, pero me parece importante algo más de contexto.

De acuerdo a la Wikipedia, la Ley Sarbanes Oxley, llamada también, Acta de Reforma de la Contabilidad Pública de Empresas y de Protección al Inversionista, su “fin [es el] de monitorear a las empresas que cotizan en bolsa, evitando que las acciones de las mismas sean alteradas de manera dudosa, mientras que su valor es menor. Su finalidad es evitar fraudes y riesgo de bancarrota, protegiendo al inversor”.

Mientras tanto, el llamado Comité de Basilea, creó un documento conocido como Acuerdo de capitales Basilea II. De acuerdo a la Wikipedia, “Basilea II es el segundo de los Acuerdos de Basilea. Dichos acuerdos consisten en recomendaciones sobre la legislación y regulación bancaria y son emitidos por el Comité de supervisión bancaria de Basilea. El propósito de Basilea II, publicado inicialmente en junio de 2004, es la creación de un standard internacional que sirva de referencia a los reguladores bancarios, con objeto de establecer los requerimientos de capital necesarios, para asegurar la protección de las entidades frente a los riesgos financieros y operativos.”

Todas consecuencias directas e indirectas de los fraudes que perpetraron, en su momento, Enron, Tyco International y WorldCom, entre otros.

A propósito de este último acuerdo, y de la idea de esta nota, repito la parte donde dice “establecer los requerimientos de capital necesarios, para asegurar la protección de las entidades frente a los riesgos financieros y operativos”.

Mientras tanto, en otro rincón de Ciudad Gótica, los bancos y las financieras norteamericanas estaban prestando dinero a gente que no estaba en condiciones de devolverlo, ya sea porque no era lo suficientemente solvente (y había antecedentes de ello) o porque las propias condiciones del préstamo lo hicieron, en poco tiempo, impagable. Esto fue, a grandes rasgos y simplificando mucho, la historia de las hipotecas basura que desencadenó la que, para muchos, es la más grave crisis financiera internacional desde la depresión de 1929.

Ahora bien, estamos hablando de compañías como el Citigroup o AIG, que no solamente deben tener el poder de comprar la última tecnología de las proveedoras World class, sino también —y siguiendo la propia promoción que se hacen los mismos vendors— sistemas totalmente regidos con SOX y Basilea II, por decir lo menos.
Y sin embargo… sin embargo, pasó lo que pasó, estamos viviendo lo que vivimos. Eso sí, no faltan los que aseguran que la crisis no existe, pero de esos siempre hay alguno.

Una pregunta que yo me hago es: para darle créditos a gente que no puede pagar, ¿Fallaron los CMSs, los operadores que ingresaron los datos o los ejecutivos no le prestaron atención al sistema? Y, otra más: ¿Fallaron los sistemas financieros y de gestión que deberían haber ladrado luces rojas de alarma en cuanto apareciese la menor distorsión o señal de que “vamos mal”?

O, lo que pensaría alguien más paranoico y conspirativo que yo: ¿No habrán programado, durante la implementación, sistemas de “des”control, código que permita desviaciones ilícitas, desactivación de alarmas y esas cosas que, uno sabe, siempre son posibles? Naaaa… ¿Cómo podría pensarse que, grandes empresas como las que ya sabemos y conocemos, se hubiesen involucrado en tales maniobras…?
¿Quién falló, entonces? ¿El auto último modelo… o el chofer?

Autor: Ricardo Goldberger - Director General de Tecnozona (www.tecnozona.com.ar)

21 may 2009

¿PARA CUÁNDO LA NUEVA INNOVACIÓN? ESTAMOS ESPERANDO...

Más de una vez lo hemos dicho y escrito: la verdadera innovación brilla por su ausencia en la industria tecnológica. Lo que falta de novedad se suple, habitualmente, con adjetivos superlativos provenientes de los departamentos de marketing o publicidad. Así es como aparece “lo más revolucionario”, “lo más innovador”, “nuevo paradigma” y todas esas frases que estamos acostumbrados a escuchar. Por supuesto, no podemos desmerecer el trabajo de investigación que llevan a cabo sufridos desarrolladores y buscadores de soluciones tecnológicas. Pero nuevo, lo que se dice nuevo, no hay.

La semana pasada asistimos a lo que la comunicación institucional calificó de “la presentación más importante de su historia”. Una compañía anunció un nuevo producto. Sabíamos que lo iba a hacer y esperábamos algún deslumbramiento instantáneo, algún shock informativo; algo que, en definitiva, nos movilizara y nos hiciera sacudir de nuestra silla. Y, desde ese punto de vista, fue totalmente decepcionante. Claro, cuando leés en una crítica cinematográfica que vas a ver “la película más fascinante de la historia del cine”… y no lo es, salís del cine baaaastante más decepcionado que si te hubieran dicho que ibas a ver una buena película… incluso *muy buena* película. Uno hubiera ido con expectativas diferentes.
Nadie puede dudar del trabajo y la inversión que esta empresa debe haber hecho para poder desarrollar y concluir con lo que, en rigor, era una arquitectura común, pero con algunos accesorios que la hacían mucho más apropiada y afinada para soportar ambientes virtualizados.

Es probable que a la mitad de los que estábamos presentes, la noticia les haya parecido una verdadera novedad, algo que llamaba la atención, algo que, en definitiva, podía llegar a ser un nuevo paradigma. Pero la otra mitad de los que estábamos allí, que ya veníamos de meses (y aún años) oyendo, leyendo y escribiendo acerca de la virtualización, nos dimos cuenta inmediatamente de que la noticia era buena, interesante, pero de ninguna manera revolucionaria.

Dicho con otras palabras, si alguien me hubiera dicho que me iban a presentar un nuevo producto, con un nuevo enfoque, con mejor diseño, con alguna originalidad arquitectural… no sé, los adjetivos que les gusten, pero dentro de algún grado de moderación, me hubiera resultado llamativo, notable y hasta hubiera podido notar, aún sin que me lo señalaran, qué buenas ideas había tenido el equipo de desarrollo. Pero como lo que vi no me pareció, de ninguna manera, “la presentación más importante de su historia”, el resultado final fue la decepción. En síntesis, me esperaba otra cosa.

Novedoso, innovador, sería un procesador de agua o un chip biológico, o almacenamiento holográfico fractal (por decir algo “raro”). Pero por ahora, si necesitás más procesamiento y un procesador o un core no te alcanzan, ponés dos… y si siguen sin alcanzar, ponés cuatro. Si dos discos no te alcanzan para almacenar la información, ponés 4… o 4000. Por más que hayas reemplazado el silicio por el germanio o por metales con otras letras, el principio básico sigue siendo el mismo. La virtualización la podés hacer ahora en procesadores x86, podés lograr una performance que haga casi imperceptible la pérdida de performance y hasta podés virtualizar fragmentos de software sin necesidad de hacerlo con el sistema operativo completo. Pero básicamente, la tecnología es la misma que se usaba décadas atrás con los mainframes… con pocas variantes.

Difícilmente se pueda llamar innovación a eso, por lo menos con el significado tan extendido que se le quiere dar.

Cuando uno lee “la presentación más importante de su historia”, la pregunta que surge casi inmediatamente es: “si ésta es la más importante ¿qué queda para después? ¿cerramos y nos volvemos a casa?” Y la respuesta más obvia sería “no, lo más importante es lo próximo que viene”… ah, bueno, entonces me siento y espero.

Autor: Ricardo D. Goldberger - Director de TECNOZONA (www.tecnozona.com)